sábado, 23 de febrero de 2013

Capitulo 3


Una odisea de odas



          Para continuar tratando el tema del desarrollo del pensamiento y la influencia de la tecnología en nuestras mentes, en esta reseña del capítulo 3 se hablará de la mente y cómo esta no es solo una herramienta en sí, sino también una productora de las mismas. Por medio de unos cuantos ejemplos Carr acude a la Historia para exponer cómo la tecnología ha estado siempre presente en la línea del tiempo y cómo ésta ha incidido en las actividades de la vida y en el progreso de la especie. “El molino de viento produce una sociedad con señores feudales; el telar de vapor produce una sociedad con capitalismo industrial” (Marx en Carr. Pp.64).
Aun cuando filogenéticamente no hemos cambiado mucho, nuestra manera de pensar ha pasado por diversos cambios. Las capacidades de resolución de problemas, el análisis y las invenciones humanas son producto de un ciclo del pensamiento en donde éste produce e innova y al mismo tiempo que lo hace, ayuda a potencializar su ejercicio por medio de estas creaciones. Sin embargo, ¿qué sería del pensamiento si este no está estructurado u organizado?
El lenguaje articulado fue el gran impulsador de la manera en que pensamos como individuos y finalmente como sociedad, sin embargo faltaba algo más para que la comunicación cumpliera su objetivo final que es hacer que el otro logre entender mi perspectiva y por ende, mis pensamientos e ideas.
Así Sócrates, un gran impulsador de la dialéctica, criticara la escritura como obstaculizadora de la profundidad y el alcance del pensamiento y por lo tanto de la felicidad; ésta fue necesaria para que hubiera una comprensión más eficaz y global de los pensamientos del otro. La formalización de un lenguaje escrito cuyos símbolos representaran ideas mentales e inteligibles para todo el mundo fue en términos de abstracción y creatividad mental lo que llamaría Piaget, el último estadio del desarrollo cognoscitivo de los individuos.
El lenguaje es entonces lo que Carr denomina tecnología intelectual la cual apoya la capacidad mental y amplía su alcance. Por otro lado están las tecnologías de la fuerza física (un avión), los sentidos (microscopio) y de las necesidades o deseos (pastilla anticonceptiva). En donde cada una tiene una ética intelectual que apela lo que sería el funcionamiento óptimo de la mente humana. Sin embargo como afirma Carr “La ética intelectual de una tecnología rara vez es reconocida por sus inventores. Por lo general están tan concentrados en resolver un problema particular o desenredar algunos espinosos dilemas científicos o de ingeniería, que no ven las consecuencias más amplias de su trabajo.” (pp. 63). Muchos de los elementos con los que contamos hoy en día como el reloj o la cartografía se dieron por necesidades mas no por búsquedas deliberadas de la mente por potencializar las capacidades innatas del ser (Carr. 2011).
            Es por este motor de la necesidad que continuaremos acudiendo a la recursividad para expresar nuestra voluntad humana (Carr. 2011) y seguir incluyendo aún más herramientas al repertorio de la cotidianidad del ser humano así sea de manera ingenua y no pensada como un reforzamiento a nuestras aptitudes. En vez de optar por el maniqueísmo de los deterministas como McLuhan por la tecnología, la perspectiva instrumentalista además de ser la más aceptada, es la más objetiva frente al uso de estas herramientas múltiples de la mente. Si la filogénesis no ha variado considerablemente, es entonces la ontogénesis la que debería plantearse como una odisea de odas desde la tecnología intelectual.





Bibliografía
Carr. N. (2011). “Las herramientas de la mente” En: Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?. Taurus. Bogotá Colombia.




Ana Maria Escobar Fonseca.

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